• El poeta George Herbert describe la oración como “el corazón peregrino”. ¿Puedo entrar en el espíritu del Salmo al orar? ¿Puedo imaginarme como un peregrino frente a la puerta del Templo, cansado, hambriento, cubierto de polvo y agotado por la jornada, pidiendo a Dios su protección y su amor? ¿Qué es lo que me agota? ¿Qué es lo que pido?
• ¿Tiendo a pensar a Dios como distante e indiferente, o como cercano y preocupado? ¿He encontrado aquí una invitación para cambiar la forma en que veo a Dios? El Salmo me invita a reposar, a recuperarme con el Altísimo. ¿Me siento acogido en esta escena íntima, o me alejo de ella?
• ¿Cómo entiendo las palabras “No te alcanzará ningún mal, ninguna plaga se acercará a tu carpa”? ¿Es ésta una promesa de Dios de liberarnos de problemas y alejarnos de los peligros, o que Dios estará a nuestro lado, nos amará y nos dará fortaleza cuando aparezcan las dificultades?
• En su camino, los peregrinos deben a veces abandonar los lugares en que se sentían seguros. ¿Me ayuda si me considero un peregrino? ¿Dónde me aparecen las dificultades para reanudar la jornada? ¿Es el Señor que me pide que siga esta Cuaresma, mientras avanzo hacia la Semana Santa?